No todas las ventanas
amanecen al mismo tiempo
en una casa pobre
la primera claridad entra despacio
como quien pide permiso
toca una silla
una taza vacía
el borde dormido de una mesa
nada se vuelve rico
pero todo recibe nombre
tal vez
todo comience así
apenas
en la delicadeza
con que las cosas
aceptan ser vistas
©Daniel Cáseres

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